El manejo de un perro que puede morder no se improvisa: hay postura, hay herramientas y hay una decisión de suspender. Estas son las reglas que usamos.
Un perro que muerde no lo hace por maldad: avisa antes con el cuerpo y, si los avisos no sirven, muerde. Casi todas las mordidas que se llevan los peluqueros vienen de haber pasado por alto esos avisos.
- Lee al perro: orejas atrás, cuerpo tenso, mirada fija, gruñido. Cada uno es un aviso, no una provocación.
- Trabaja corto al principio y alarga sólo si el perro se queda suelto.
- Mantén el cuerpo de perfil, no de frente, y el hocico lejos de tu cara.
- Chequea las zonas de riesgo antes: orejas, patas y base de la cola.
- Si el perro se pone rígido o gruñe, se para la maniobra y se cambia de zona.
- Ten a mano un bozal de cesta y úsalo a la primera duda: mejor el bozal que la mordida.
Es la regla que seguimos en Manto Real: baño, corte y deslanado con manejo tranquilo, sin sedar, y con la opción de parar. Si tu perro tiene mala experiencia en otros lados, contanos y lo trabajamos por partes.